Escalada en Alfacar

Alfacar ha sido tema de conversación en miles de ocasiones por Vanesa y yo. Los más veteranos del club habían estado allí escalando en alguna que otra ocasión, pero nosotras aún no habíamos tenido la oportunidad. Nos habían comentado que allí hay de todo, pero algunos sectores tienen mogollón de vías asequibles para nosotras, es decir V, V+, 6a… Era un sitio perfecto para escalar a vista y disfrutar fuera de los sectores a los que vamos habitualmente en Almería.

Ya habíamos buscado croquis de la zona y planeado en varias ocasiones pasar un día de escalada allí pero el mal tiempo, las lluvias y las heladas no nos lo permitían.

Por fin, un fin de semana del mes de mayo y aprovechando el buen tiempo decidimos ir. Rafa “Paloma”, Rafa “ex presi”, Vanesa, Alba y yo no lo dudamos dos veces.

Estaba claro que el objetivo no era pasar un día de “domingueo”, estábamos muy motivados e íbamos a por todas. Escalar, escalar y escalar.

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Una de las cosas que más nos gustó fue que, después de casi  año sin escalar debido a una lesión en un dedo, Rafa “ex presi” nos acompañaba con el objetivo de retomar la escalada poco a poco. Y así fue. Aunque su dedo no le dejó escalar todo lo que le hubiese gustado, pudo con algunas vías y pasó el día con nosotros compartiendo risas, aconsejándonos vías y motivando cuando nos poníamos nerviosos en algún pasito complicado.

Empezamos la mañana escalando las vías más fáciles para conocer la roca y tomar confianza con este sector en el que nunca habíamos estado. Claro, los expertos ahí eran los dos Rafas, ya que tanto Vanesa como yo aún somos bastante novatas en la escalada y Alba llevaba apenas 1 mes en el club. A pesar de eso, Alba es una chica bastante guerrera y se apunta a un bombardeo. Incluso ya sabía asegurar. Escaló a muerte todas las vías que íbamos abriendo, luchando y entregando todo su esfuerzo para llegar a la reunión, es decir, hasta el final de la vía.

Por otro lado, Vanesa luchó contra sus miedos e  iba decidida a escalar de primeras. Y así lo hizo en algunas vías.

Rafa “Paloma” y yo abríamos las vías, cosa que nos vino genial. Pasando miedo en algunos pasos, pero escalando a vista y superando dificultades.

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Conforme iba avanzando la mañana íbamos probando vías nuevas y poco a poco de más dificultad.

Concretamente recuerdo una vía preciosa, bastante asequible ya que si no recuerdo mal era V+. Recuerdo ir protestando mientras la escalaba ya que los seguros alejaban bastante unos de otros, y no hay cosa que me de más miedo que ir escalando, ver como me voy alejando del seguro e imaginarme la posible caída. Fue cuando terminé de trepar cuando me sentí orgullosa de haberla encadenado sin bloqueos, tan solo protestando como es bastante habitual en mí.

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Y así pasamos la mañana. Escalando vías poco a poco con un pelín más de dificultad y trepando como desesperados todo lo que pudimos. No queríamos dejar ninguna vía del sector sin escalar, pero fue imposible.

Tras un breve descanso para comer y reponer fuerzas, cambiamos de zona, pero en ese mismo sector.

Aquí la escalada iba a ser un poquito más difícil que por la mañana.

Me acuerdo de una vía que me aconsejó Rafa “Paloma”, por ser bastante conocida y escalada. Era una especie de chimenea, muy chula, pero con la roca bastante “lavada”, es decir, resbalaba bastante y resultaba difícil confiar en que ese pie o esa mano no va a fallar y caerás.

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Y ya para rematar el día con unas 12 vías aproximadamente, decidí probar otra que era 6a+, que por el miedo a caer no pude encadenar. La vía era preciosa, apenas tenía cantos buenos para agarrar, era todo bastante romo pero la adherencia de la roca era buenísima.

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Se nos había ido el día escalando. Un día bastante intenso y estábamos agotados. Alfacar nos había encantando y sabemos que tarde o temprano volveremos. Lo que no sabíamos y no nos hubiésemos imaginado ni por casualidad era que al día siguiente a las 6 de la mañana iba a levantarme para volver allí junto a  Rafa “Paloma”. Al leer esto más de uno pensará: “Esta tía está enferma y loca”. Pero más bien es una despistada. Tuve que volver a día siguiente por narices ya que mi mochila cayó y de ella salió mi cartera con dinero con la mala suerte de que me di cuenta una vez había llegado a casa. Así que Rafa se propuso voluntario para acompañarme, cosa que le agradeceré siempre.

Y claro ya que estábamos allí y habíamos encontrado mi cartera detrás de unos matorrales, no podíamos irnos sin probar otro sector.

Así, decidimos ir a una zona en la que las vías eran bastante diferentes a las que escalamos el día anterior. Eran una placas tumbadas en las que el tipo de escalada era en adherencia. No había cantos donde poner los pies y las manos eran casi inexistentes. O confiabas o no ascendías. Y una vez bajabas el dolor de pies era horroroso debido a la presión que ejercíamos sobre los mismos.

Otra cosa no, pero ese fin de semana escalamos a tope y así acabamos… Reponiendo fuerzas a mediodía con unas ricas cervecitas, no podía acabar de otra forma.

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