RONDA – MAYO 2013

Los días 11 y 12 de mayo varios compañeros del club (Edu, Eva, José, Rafa, Kike y Juan Antonio) participaron en los 101 Km de Ronda. Se trata de una prueba de resistencia bastante dura en la que hay que recorrer 101 km con la dificultad de que existe límite de tiempo. Hay varias modalidades, pero los chicos decidieron hacerlo a pie, para lo que tendrían un tiempo límite de 24h.

Aure, Vanesa y yo decidimos ir con ellos para darles apoyo, ya que no terminamos de animarnos para participar en la prueba, y además… era la excusa perfecta para ir a Ronda y pasar el finde escalando.

Ya teníamos información sobre sectores de escalada por la zona. Ahora también teníamos la oportunidad de probar una experiencia diferente, pues nos habían comentado la posibilidad de realizar vías ferratas allí. Así que no lo pensamos, nos pusimos en contacto con Jesús, un monitor de la empresa “Al-Andalus Activa” que había impartido ya algún curso para nuestro club y con el que pudimos hacer un par de vías ferratas.

Los compañeros y compañera que iban a competir en la prueba se preparaban y nosotras teníamos ya todo súper planificado.

Sábado 11 de mayo

Nos levantamos muy temprano para acompañar a los valientes al punto de partida de la prueba y seguidamente saldríamos en camino para la actividad que nos esperaba ese día. Por la mañana haríamos dos vías ferratas y por la tarde, escalar.

La primera de las vías que haríamos sería la del Tajo de Ronda.

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Realmente esta vía era bastante sencilla, un poco para conocer el material, tomar contacto con la actividad en sí y la forma de proceder. Disfrutamos mucho de esta vía ya que para nosotras, a pesar de utilizar arnés y mosquetones entre otras cosas por la escalada, desconocíamos cómo sería ascender a través de una vía ferrata. El sitio es espectacular y las vistas realmente preciosas. A pesar de estar casi 1 hora trepando, se nos hizo muy corta. Disfrutamos mucho y no podíamos disimularlo. Era genial.

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Tras la primera vía, nos dirigimos a Benalauría, el lugar donde haríamos la segunda y última. Ésta no tiene nada que ver con la anterior. La sensación de altura se aprecia mucho más y el nivel es más elevado. Además cruzamos un puente tibetano en el que, si miras hacia abajo, es como estar volando. Sin palabras nos quedamos tras hacer esta última vía.

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Esta vía fue un poco más larga que la anterior y mucho más emocionante.

Una vez terminamo, y tras hidratarnos y comer algo porque el calor nos estaba dejando sin energías, nos dirigimos hacia Benaoján, nuestro próximo destino y donde pretendíamos pasar una tarde de escalada. La sorpresa fue que justo por allí pasaba la prueba de los 101 km. Vimos a la gente que estaba compitiendo pero en otras modalidades; corriendo y en bici, así no logramos localizar a nuestros compañeros del club para darles unos cuantos gritos de ánimo.

Conseguimos encontrar por fin el sector de escalada. Empiezo yo a prepararme para abrir una vía, la más fácil. Pues vaya chasco, resulta que me encuentro justo al principio un paso que no logro superar. Me agobio, mis compañeras me apoyan, me dan consejos e intentan tranquilizarme, pero finalmente y muy a mi pesar, cojo mi querido palo. Mi querido palo, al que lamo cariñosamente “Paxi”, en un dispositivo en el que, si me veo bloqueada en una vía, me permite pasar la cuerda por el mosquetón y chapar el siguiente seguro. De esta forma, no es necesario abandonar la vía.

Estoy decepcionada, se supone que esa era una de las vías fáciles y no logro sacar el paso. El resto de la vía la escalo sin problemas. Tanto Aure como Vanesa, prueban la vía de segundas y lo hacen genial, pero ese pasito se las trae, coincidimos en eso. Y mi excusa perfecta: ¡Es que soy muy bajita y no llego!

Realmente el grado de este lugar, por lo que nos comenta la gente que hay por allí, está algo elevado. Eso nos consuela.

Satisfechas y cansadísimas, nos vamos a tomar unas cervecitas que nos las hemos ganado. Hoy sí.

Domingo 12 de mayo

Nos despertamos nuevamente muy tempranito para recibir a los compañeros que tienen previsto llegar a primera hora de la mañana a la meta.

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Sólo llegamos a ver a Rafa, Kike y Juan Antonio, pero sabemos que los otros tres, Eva, Edu y José  vienen muy cerca y lo mejor, todos llegan dentro de tiempo, es decir, han superado la prueba. Es increíble que a pesar de llevar todo un día una noche completa andando, les queden energías para llegar con una sonrisa. Realmente están agotados, pero son unos campeones, no teníamos ninguna duda. Ojalá algún nos relaten cómo fue la experiencia, pues debió ser muy duro y aguantaron hasta el final. No teníamos duda.

¿Seremos capaces de atrevernos el próximo año?

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Mientras ellos descansan un poco, nosotras vamos a pasar el día escalando en Grazalema. Aunque está en la provincia de Cádiz, tan sólo estamos a 40 minutos de allí, así que con toda la motivación del mundo nos ponemos en marcha. Es la primera vez que vamos nosotras solas en busca de un sector. Es decir, siempre vamos respaldadas por ellos, los escaladores del club, los que tienen experiencia. Nos sentimos orgullosas de nosotras mismas, hemos escalado fuera de Almería, de los sectores que ya conocemos y, mejor o peor, nos hemos defendido en la roca.

Tras varias vueltas, llegamos al sector. Nos habían recomendado el lugar. Tanto por la belleza del paisaje, como por la cantidad de vías asequibles para escalar a vista que podamos hacer nosotras dada la poca experiencia que tenemos aún.

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Comenzamos escalando las vías más facilitas. Entramos en calor y nos animamos. Este sector nos encanta. Hay vías de hasta 6b, pero lo máximo que hacemos es 6a. Hay muchas vías que podemos hacer a vista. Vías largas de hasta 30m, con chapas algo alejadas entre sí, pero fáciles de escalar. Estamos muy motivadas, pero la tarde se nos echa encima y debemos irnos. Pasamos un día llenos de risas, miedos, motivación y escalando a tope. Ese era el objetivo. Vanesa y Aure se atrevieron a trepar de primeras algunas vías. Era pura energía lo que se respiraba en el ambiente, pero el tiempo pasa tan rápido que nos dejamos muchas vías por escalar y disfrutar.

Ya sabemos a qué lugar vamos a volver. Nos quedamos con ganas de seguir escalando, pero esa será la excusa perfecta para volver.

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Sin duda, creo que ha sido un buen finde para todos. Cada uno tenemos un por qué, cada uno lo disfrutó a su manera y volvemos a casa reventados y reventadas.

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