Sierra Nevada – Juego de Bolos – PUENTE DE DICIEMBRE DE 2012

Aunque la vena friki por la escalada no me deja disfrutar de muchas actividades, este año he tenido la oportunidad de realizar alguna salida que otra a la nieve e iniciarme en el mundo alpino. Otra experiencia que me ha eclipsado y tengo claro que repetiré.

Rafa y Paloma me invitaron a ir con ellos a Sierra Nevada en el puente de diciembre y aunque lo pensé varias veces, porque también quería ir a escalar, decidí ir con ellos y su amigo Andrés de Alicante. Me avisaron de que iba a ser una experiencia dura, que no iba a ser nada fácil, pero confiaban en mí  y en mi forma física, y yo estaba deseando de probar… ¿Por qué no? Total, si no me gusta, basta con no repetir.

Ya me avisaron que su amigo Andrés es un apasionado de la montaña, más que ellos y estaba deseando de conocerlo, aunque también me avisaron de que está bastante fuerte, tiene bastante fondo a pesar de no entrenar apenas y la experiencia yendo con él iba a ser cañera. Y eso fue quizás lo que más me gustó, porque la otra parte no me gustó nada, y es que parece ser que Andrés es algo gafe y a pesar de que las previsiones sean las mejores, la montaña lo huele y se pone en su contra.

Había varios planes, de los que yo no me enteraba por mi desconocimiento aún, pero me daba igual, aquello que decidiesen me iba a parecen genial. El plan era pasar tres noches en la montaña e intentar hacer una arista, un corredor…. Lo que las condiciones y el tiempo nos permitiese.

Salimos de noche de la capital Rafa, Paloma y yo para encontrarnos con Andrés en Guadix y de ahí, cargar un coche y dirigirnos a Guéjar Sierra (Granada), donde iniciaríamos la ruta en la famosa Vereda de la Estrella.

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Qué emoción, iba a estrenar mis super botas semirrígidas que me había comprado  y había hecho y deshecho la mochila como 5 veces, pero no dejaba de pesar y estar llena. Era mi primera salida y pensé que todo era necesario. Claro, en la montaña no hay Mercadona, así que ropa térmica, plumón, ropa de abrigo pero ligera, cortavientos, comida, barritas, frutos secos, desayuno, crampones, piolets, casco, polainas, guantes, más guantes, calcetines, saco de dormir, esterilla, agua…, creo que llevaba todo y ¡Cómo pesaba la dichosa mochila!

A pesar de todo, iniciamos la ruta y excepto el último tramo hasta llegar a la cabaña donde íbamos a pasar las tres noches, todo iba con normalidad. Más peso del habitual, pero con mucho entusiasmo. Es cuestión de tomárselo con calma.

Durante la ruta, hacemos varias paradas para beber agua y soltar las mochilas para descansar un rato. Alucinante cuando, tras girar un curva, vemos las caras nortes de la Alcazaba y el Mulhacén. Es precioso, unas vistas increíbles y todo nevado. Sólo de pensar que vamos a estar allí al lado, me pone los pelos de punta.

 

Por fin después de unas 4 o 5 horas de caminata, llegamos a  la cabaña. Pensábamos que íbamos a estar solos, pero no. La cabaña estaba ocupada por 3 chicos de Albacete, así que Rafa y Paloma montan su tienda de campaña, que por cierto la estrenan en esta salida. Cenamos y nos organizamos para dormir, ya que a la mañana siguiente íbamos a madrugar mucho para hacer la primera actividad. Rafa duerme en la cabaña con los otros tres chicos. Andrés me deja boquiabierta, ya que prefiere dormir en una especie de porche techado con su saco y su esterilla. Dice que así disfruta de la montaña y le encanta dormir al aire libre, sentir el frío, la montaña, el ruido del río. Finalmente, Paloma y yo dormimos juntas en la tienda de campaña donde, a pesar de llevar un buen saco, no sabía de la importancia de la funda de vivac, y paso un frío horroroso.

¿Cuál fue la sorpresa al despertar? ¡Estaba todo nevado! Había pasado la noche nevando y lo seguía haciendo, por lo que la actividad tuvo que ser suspendida.

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El paisaje me resultaba precioso, y tampoco me parecía tan mala noticia en un principio el hecho de que pasase el día nevando, pues estaba en la montaña, estaba nevando y para mí el sólo hecho de estar allí era toda una experiencia. Pero pasan las horas tan despacio, sin nada que hacer sólo comer, charlar, volver a comer, echar una cabezada, mirar el reloj y ver que no pasa el tiempo. Ya me lo decían ellos, que en alta montaña el tiempo es así y lo difícil es encontrar buenas condiciones para realizar una salida.

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Parecía una eternidad el tiempo que llevábamos sin hacer nada, pero por fin parece que el tiempo nos da un poco de tregua y nos permite salir a pasear un rato por allí cerca, echar unas fotos y disfrutar del paisaje. Parece que las previsiones son mejores para el día siguiente, así que después de pasar el día comiendo… decidimos volver a comer (jajajaja), esta vez la cena para acostarnos prontito y aprovechar el día siguiente si el tiempo nos lo permite. En este caso, ahora me toca dormir en la cabaña, ya que allí hace algo menos de frío.

 

No ha amanecido aún cuando nos levantamos y vemos que el tiempo es bueno. Preparamos todo lo necesario para la actividad y salimos a andar con nuestros frontales y mochilas con todo lo necesario: bastones, crampones, pilolets, polainas, guantes, gorro, casco y algo para picar ya que el día va a ser largo; ellos además llevan cuerdas y empotradores.

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Me van explicando por el camino que la intención es hacer una arista. Conforme vamos andando, cada vez la nieve nos va cubriendo más y más, incluso hay puntos en los que nos llega a cubrir casi hasta la cintura. Se hace difícil progresar, cuesta bastante trabajo y resulta muy cansado, pero todo estamos en forma y con mayor o menor cansancio vamos avanzando. La nieve está bastante blanda. Según dicen, no son las mejores condiciones, pero ya que estamos ahí hay que intentar hacer la actividad prevista. Sí, estamos bastante motivados y todos queremos seguir, así que… ¡HACIA DELANTE!

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Llegamos a un punto en el que para llegar a lo que será el inicio de la arista, debemos empezar a trepar. Para ello Rafa y Paloma hacen cordada, y yo me quedo con Andrés. Y es justo en ese momento cuando me explica que lo voy a asegurar con un reverso, cosa que nunca había utilizado, pues para escalar lo que utilizo es el grigri. Rápidamente me lo explica y no parece difícil, pero admiro la seguridad que deposita Andrés en mí y la confianza, quizás porque no le queda otra opción. Comienza a ascender, va poniendo seguros cada cierta distancia y finalmente monta reunión donde se anclará para que yo ascienda. Y así lo vamos haciendo, hasta que llega un punto en el que considera que estoy preparada para subir en ensamble, es decir, ascendemos uno detrás del otro de forma simultánea manteniendo una distancia prudente, y de esta forma lo hacemos más rápido. Cuando llegamos al inicio de lo que será  la arista que pretendemos hacer, todos coinciden que no es seguro, que las condiciones de la nieve no nos van a permitir hacerlo. Hay demasiada nieve y ésta es muy blanda.

Finalmente, se cambian los planes y decidimos hacer un corredor que parece estar en buen estado y llegar hasta el Pico Juego de Bolos. ´

Mientras Andrés y yo esperamos en el inicio del corredor a Rafa y a Paloma, me dice que si quiero puedo empezar a subir un poco y así abrir huella. Me encanta. Es duro, pero la nieve no está tan blanda al principio y lo hago sin problemas. Seguidamente, Andrés continua, y un poco por detrás, Rafa y Paloma. Sigo abriendo huella hasta que llega un punto ene el que no puedo avanzar. La nieve me llega hasta la cintura y mientras doy un paso hacia delante, luego hago un retroceso de 3 pasos. Me resulta imposible avanzar, me agoto físicamente y moralmente. Me agobio y además tengo un dolor de garganta insoportable. Me detengo y Andrés me adelanta para abrir huella. Ahora me sigue costando, pero al menos avanzo; poco a poco pero avanzo.

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Fue difícil, muy agotador y parecía imposible, pero llegamos al final del corredor. Detrás nos siguen Rafa y Paloma. Estamos cansados, pero no podemos pararnos porque se nos echa la noche encima. Las condiciones de la nieve hicieron que nos retrasáramos y debíamos continuar con un ritmo constante. Nos tomamos una barrita y cogemos las energías justas para continuar.

Seguimos subiendo ya con las pilas algo recargadas y por fin llegamos a la cima. Es espectacular. Las vistas son una auténtica pasada, es todo precioso. Estamos muy cerquita del Mulhacén, vemos la Alcazaba justo en frente. Es una sensación de superación, pues no ha resultado nada fácil. Pero ahí estamos, en la cima.

Pero aquí no queda todo. Ahora hay que descender y no resulta nada fácil. Sigue habiendo muchísima nieve. Cuando veo por donde tengo que bajar me pongo algo nerviosa. Tengo que hacerlo de espaldas, con mucha seguridad y clavando bien los crampones para no resbalar. Es una bajada bastante inclinada,  pero veo a todos muy tranquilos, así que no debe ser difícil. Paso algo de miedo, pero no me impide bajar con normalidad. Cuando llegamos a la zona más llana, continuamos andando pero aún con muchísima precaución. Resbalo en varias ocasiones, Paloma también y Rafa… Ay Rafa, cayó y tuvo que realizar una técnica de autodetención que ya nos había explicado en el curso de alpinismo que nos impartió anteriormente. No sabía de la importancia de este tipo de técnicas hasta que lo vi en vivo y en directo. De no haber parado a tiempo, se hubiese deslizado cogiendo cada vez más velocidad hasta ser imposible detenerse y hubiese caído por un cortado que había unos metros más adelante. Menos mal que lo hizo a tiempo y no ocurrió nada. Todo quedó en un pequeño susto y una anécdota más que contar.

 

Tras varias horas de camino, bastante duro y ya agotados, llegamos a la cabaña. Era de noche ya. Estamos muy cansados, pero ha merecido la pena. Es justo ahí cuando me confiesan que la situación era algo arriesgada, que las condiciones no han sido nada buenas y que no ha sido nada fácil. Pues a mi me ha encantado, a pesar de la dificultad, el cansacio y…. placas de pus. Había cogido una infección tremenda y tenía un dolor horroroso, pero la emoción del momento pudo con eso.

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A la mañana siguiente volvemos. El camino se hace bastante pesado. Estamos cansados y ansiosos por llegar al coche. Y cómo no, de bebernos unas ricas cervezas en el bar que hay justo al inicio de la ruta, al lado de donde hemos aparcado. Había que celebrarlo, o al menos, esa la era la excusa perfecta.

Rafa y Paloma tenían razón. La montaña es dura, cansada, te exige mucho esfuerzo, mucha resistencia. Pero quizás superar esas dificultades es lo que hace que te enamore. Para mí ha sido una experiencia inolvidable, una primera experiencia y por supuesto no la última.

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